RETO MÓDULO 5
“Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. La frase se atribuye a Eduardo Galeano, aunque algunos eruditos la trasladan hasta el siglo XVIII para poner términos parecidos en boca de San Juan Bautista de La Salle.
Esta es la idea principal que quiero transmitir tras realizar un ejercicio de introspección y estar llegando al fin del Curso de Fundamentos sobre la Igualdad entre mujeres y hombres.
Estaba mi sobrino de 10 años viendo una peli de superhéroes de esas de Marvel que se han puesto muy de moda en los últimos tiempos y yo de pronto he visto un patrón común. Resulta que para salvar el mundo (que es siempre el fin último y nuestra mayor preocupación como especie) hace falta alguien extraordinario, alguien muy diferente al ser humano promedio, alguien terriblemente individualista y además que destaque de forma estridente entre la masa de personas anodinas aunque con mejor gusto que él para vestir.
Cuando en el mundo hay un problema gordo hay que esperar a que aparezca ese ser extraordinario y ponga orden de forma inmediata y sin esfuerzo para nosotros para poder continuar con nuestra existencia anestesiada.
Y este es el modelo comportamental que están asumiendo nuestros hijos como natural: si no eres un tipo en pijama capaz de reorientar los átomos o generar vientos huracanados no eres un héroe y no tienes capacidad para cambiar el mundo a tu alrededor. Además las cosas se arreglan de forma rápida "in extremis".
Y ahora voy a conectar este pensamiento con lo que nos ocupa en este curso: la igualdad entre mujeres y hombres. Resulta que esa amenaza catastrófica que va a poner contra las cuerdas la misma existencia del ser humano está aquí. No es una nave alienígena ni un antihéroe malo malísimo al que dar de palos: es algo mucho más intangible y difuso (pero no por ello menos real) y algo de lo que todos somos responsables en parte. La gran desigualdad que existe todavía entre hombres y mujeres, la discriminación por género, la insoportable cifra de mujeres asesinadas por sus parejas día a día.
Y ante ese tipo de amenaza no vale esperar al héroe. No hay héroe, cada uno es responsable de sus actos y de su contribución individual. Y claro, estamos acostumbrados a que ese héroe nos saque las castañas del fuego (y aquí podemos incluir al Gobierno en la lista de presuntos héroes) y por tanto seguimos comportándonos como siempre, sin estar dispuestos a variar ni un ápice nuestra rutina.
Por ello hay que enseñar, educar e influir en la sociedad y a la sociedad para que las personas tomen conciencia de estas amenazas y que no esperen un gran cambio externo que venga a cambiar la situación, sino que cada persona con la suma de fuerzas pequeñitas y desde su entorno vaya cambiando esta realidad hacia una sociedad cada vez más igualitaria.
En definitiva, que tengo un rato por delante para explicar a mi sobrino que las cosas se cambian cambiando uno mismo y que la suma de los pequeños cambios es mucho más de lo que puede imaginar. Y ya de paso nos sentaremos a asumir nuestra responsabilidad individual identificando qué cosas podemos cambiar para conseguir la igualdad entre mujeres y hombres.
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